LOS CUADERNOS DE DON RIGOBERTO, Mario Vargas Llosa

“Lo abrazaba, lo obligaba a tumbarse junto a ella, sobre ella, bajo ella, enredaba sus piernas en sus piernas, le buscaba la boca, le hundía la lengua y [..] se acuclillaba con amorosa disposición [..]”  

“Sin embargo, no extraía de esa conclusión teórica fuerzas suficientes para hacer lo que ardientemente le exigían unos reaparecidos instintos: pasar la yema de los dedos sobre la satinada piel, posar sus labios matrimoniales sobre esas colinas y hondonadas que anticipaba tibias, olorosas y de un sabor en que lo dulce y lo salado coexistían sin mezclarse.”

LOS CUADERNOS DE DON RIGOBERTO, Mario Vargas Llosa (2011) Madrid: Santillana

SYNOPSIS: “Los cuadernos de Don Rigoberto” es la historia de un maduro empleado de una compañía de seguros que combate su banal existencia con una rica imaginación que va plasmando en cuadernos. Todo lo que Rigoberto no se atreve a hacer o a vivir por si mismo, sus audacias o aventuras imaginadas, sus deseos ocultos, van quedando reflejados en estas anotaciones que lo distancian cada vez más de su vulgar existencia.

Como contrapunto al florido universo de Don Rigoberto, está el inquietante y perturbador ambiente que se forja alrededor de su hijo, Fonchito. Obsesionado con la vida y la obra del pintor austríaco Egon Schiele, el muchacho se sueña como la encarnación del pintor maldito.

Entre los dos personajes, la madrastra. Una mujer que es para ambos la figura principal de ese doble mundo de deseos y realidades. Una mujer a la medida de sus más exigentes fantasías.

“Los cuadernos de Don Rigoberto”, considerada obra definitiva de este autor sobre el erotismo, despliega ante el lector las claves que nuestra memoria cultural ha dado, a través del arte, sobre los misterios del placer sensual.

 “Los cuadernos de Don Rigoberto” es también la continuación de “Elogio de la madrastra”.

Si quieres saber más acerca de la primera parte de la obra, no dejes de leer “ELOGIO DE LA MADRASTRA”.

¿Quieres husmear en las escenas más eróticas de “Los cuadernos de Don Rigoberto”?

“Doña Lucrecia sintió que la mejilla pegada a la suya se movía, que dos delgados labios bajaban por su cara y se adherían a los suyos. Fríos al principio, al instante se animaron. Sintió que hacían presión y la besaban. Cerró los ojos y abrió la boca [..] Estuvo un tiempo sin tiempo, ciega, convertida en sensación, anonadada, feliz, sin hacer nada ni pensar en nada.” 

“Habían comenzado a tocarse, al principio con mucha prudencia y apenas; luego, con más atrevimiento; ahora, se acariciaban ya los pezones, sin disimulo. Se habían ido juntando. Se abrazaban, las dos cabelleras se confundían. Don Rigoberto apenas las divisaba.”

“Ahí estaban, aceitados, chorreantes de miel y humores, helénicos en su desnudez y apostura, avanzando hacia la algarabía gatuna. El era un lancero medieval armado para la batalla y ella una ninfa del bosque, una sabina raptada. Movía los áureos pies y protestaba <no quiero, no me gusta>, pero sus brazos enlazaban amorosamente el cuello de su raptor, su lengua pugnaba por invadir su boca [..]”

“¿Era el suplicio de Tántalo? ¿Era el jardín de las delicias? Don Rigoberto se había deslizado al pie de la cama, y, adivinándolo, doña Lucrecia se sentó al borde para que, como Pluto en el Orient Express, su marido le besara los empeines, aspirara la fragancia de cremas y colonias que refrescaban sus tobillos, mordisqueara los dedos de sus pies y lamiera las oquedades tibias que los separaban.”

“Antes de entrar bajo las sábanas, se quitaron las batas, que quedaron al pie del lecho de dos plazas, cubierto por un cubrecama. A las arpas había sucedido un vals de otros tiempos, unos violines cuyos compases sintonizaban con sus caricias. ¿Qué importaba que hubieran apagado la luz mientras jugaban y se amaban, ocultas bajo las sábanas, y el atareado cubrecama se encrespaba, arrugaba y bamboleaba? Don Rigoberto no perdía detalle de sus amagos y arremetidas, se enredaba y desenredaba con ellas, estaba junto a la mano que embolsaba un pecho, en cada dedo que rozaba una nalga, en los labios que, luego de varias escaramuzas, se atrevían por fin a hundirse en esa sombra enterrada, buscando el cráter del placer, la oquedad tibia, la latiente boca, el vibrátil musculillo. Veía todo, sentía todo, olía todo. Sus narices se embriagaban con el perfume de esas pieles y sus labios sorbían los jugos que manaban de la gallarda pareja.”

LO BUENO: Al igual que en “Elogio de la madrastra” lo bueno es el estilo caribeño y también el recurso de inspirarse en obras de arte para escribir.

 

LO MALO: La falta de una historia que interese y que no sea un complemento de la obra sino el elemento central.

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